- Si no es tu hijo, ¡¿por qué todavía seguís haciendo de padre para ese chico?! Te dije que iba a resultar así, ¡yo te lo dije! ¡Perdiste todos estos años criando a alguien que no es hijo tuyo! Tu familia, SOMOS NOSOTROS - le dijo. Los demás quizás nunca entenderán lo que ellos (engañados si se quiere) han construido todos estos años. Un lazo a esta altura indestructible…
En este momento me encuentro aprendiendo que es absolutamente necesario vaciar la mochila, para después llenarla con lo que hoy realmente necesito de mí y de los demás. Es decir, partir de la sinceridad, una sinceridad que me faltaba. Estaba acostumbrada a poder con todo, con lo que quería y lo que no, solamente aceptaba las cosas como se daban aunque no me gustaran y seguía adelante porque supuestamente era mi deber.
En realidad no era consciente de ser así, o no lo veía como un obstáculo como lo hago hoy, sino más bien como una virtud. El “poder con todo” era algo positivo, hasta que me dí cuenta de que la verdad era que necesitaba espacio para poder dejar entrar otras cosas en mi vida. Cosas que necesito aprender hoy, en este preciso momento, y que no puedo dejar pasar, porque sería como detenerme en el tiempo y seguir en la ignorancia de mí misma y de la forma en que veo el mundo y me veo a mí.
Así es como en esta búsqueda y sobre todo con la ayuda de las personas que están a mi lado, pude ver con claridad algunas de las cosas que pasan a mi alrededor, y llegar a esta conclusión (parcial, porque el espectador nunca es ajeno a lo que observa): me estaba forzando a cumplir con ciertas premisas que me fueron impuestas por costumbre y que al mantenerlas me estaban haciendo daño. Necesitaba más sinceridad en mis relaciones, que respondan a mis sentimientos y no tanto a mi cabeza o a lo que debía de ser.
Muchas veces somos criticados por nuestros mayores justamente por no mantener costumbres que de alguna manera han sido opresivas para ellos también, pero como fueron obligados a acatarlas, esperan lo mismo de nosotros.
Mi generación y las que vienen detrás, somos un poco diferentes respecto a cómo nos interrelacionamos.Así, muchos llamamos “hermanos” a quienes son nuestros mejores amigos, nuestros hermanos de la vida. Otros llaman “mamá” a la que en realidad sería su abuela o su tía, pero que les dio toda la atención y dedicación que solo brinda una madre. Sencillamente, muchas veces nos sentimos más cercanos respecto a la gente que elegimos tener a nuestro lado, que a la que por lazos de sangre nos correspondería.
Nada es realmente fácil para estas nuevas generaciones, que comienzan a transitar sus vidas en este momento en que el mundo sufre una “crisis espiritual”, en la que nadie parece saber que las relaciones se CONSTRUYEN, que para poder construir, primero hay que poder sentir y que para sentir, hay que perder el miedo.
¿Qué podemos hacer para construir? Perder el miedo a ser sinceros con nosotros mismos sobre lo que sentimos, corrernos de la forma “tradicional” de relacionarse y valorar el afecto y el cariño que nos dan por sobre los “títulos”. Estoy a favor de la idea de que hay que saber ganarse el cariño y el amor de los otros y en contra de la concepción de obligarnos a fingir un sentimiento que no existe, porque así debe ser, porque así debe de PARECER…
Por suerte ya estoy un poco más liviana para comenzar este 2011 que promete plantearme unos cuantos desafíos, pero que me encuentra con el corazón abierto para dejar entrar a quienes realmente tengan ganas de habitar en él…